La educación emocional con los más pequeños

21 Diciembre, 2015
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Ser padres no es una tarea fácil, son muchos los consejos que podemos llegar a recibir pero muchas más las complicaciones en las que nos encontramos a la realidad, además cada niño es diferente, la personalidad, el temperamento y la energía o ternura que los caracteriza los hace permanecer únicos a cada uno de ellos. No obstante hay un mundo en el que todos los niños y niñas se encuentran inmersos a diario y que no tenemos que olvidar, un mundo común por todos ellos, es el mundo de las emociones; Aquellos sentimientos que forman parte de sus vidas y que nacen con el objetivo de crear impulsos que los ayuden a satisfacer sus necesidades. Y a pesar de que todos los niños sienten emociones, no todos ellos saben gestionarlas. Es entonces, cuando estos niños y niñas no tienen muy desarrollada la educación emocional, que pueden aparecer los problemas de conducta o incluso problemas de aprendizaje. El motivo es tan sencillo como que toda la información que procesan pasa por el sistema límbico (encargado de las emociones) y que por lo tanto, según como las gestionen afectará también a su proceso racional (el aprendizaje). Porque lo entendamos mejor, todas las emociones crean una reacción según se sientan; pueden provocar placer, rechazo, hastío, atracción o incluso dolor, proceso por el que pasarán todos sus aprendizajes. Ahora bien, ¿De que se trata la educación emocional? ¿Cómo podemos educar en emociones a los más pequeños de la casa?

En primer lugar hay que trabajar la comunicación, que aprendan a expresar aquello que sienten en cada momento y que sepan identificar el motivo. De este modo, si nuestro hijo/a llora desmesuradamente, hace una pataleta o se pone a llamar porque no le hemos comprado aquello que quería, podemos sentir empatía con él diciéndole algo cómo: ahora estás enfadado, por eso te sientes así, pero ahora no te puedo comprar esto que quieres. El niño entenderá que la reacción es debida a una emoción de enfado. Si lloran o se enfadan podemos preguntar también, ¿Que sabes que es el que te pasa? ¿Estás triste o enfadado? El objetivo es que empiecen a conocer cada una de las emociones para aprender a identificarlas y a gestionarlas de la mejor manera. Hay que recordar que muchos problemas de conducta se crean debido a la carencia de habilidad para gestionar las propias emociones.

Otro aspecto que podemos trabajar con los más pequeños es la empatía, saber como se sienten ellos pero también como se siente la otro persona. Este aspecto los ayudará a mantener unas mejores relaciones sociales y a entender cuál es la conducta que tienen que llevar a cabo según cada momento. Por eso este aspecto se tiene que trabajar desde muy pequeños, donde las relaciones con los iguales ya han empezado, ya sea con amigos o hermanos, o en la escuela  con sus compañeros.

Otro elemento a tener en cuenta cuando hablamos de la educación emocional es la necesidad de enseñar a los niños a canalizar estas emociones. En este caso tenemos que explicarles con claridad aquello que está bien y que por lo tanto está permitido y aquello que no, y que aquellas conductas inapropiadas no obtendrán respuesta por parte de los adultos. Tengamos en cuenta que cuando los pequeños se expresan mediante pataletas están pidiendo atención, si nosotros los respondemos ,están consiguiendo aquello que quieren y aprenden a que es así como se tienen que comportar. En estos casos se les tiene que explicar que entendemos que están enrabiados por algún motivo y que cuando se calmen podremos hablarlo tranquilamente. Es de este modo que los invitamos a reflexionar sobre aquello que están sientan y poco a poco aprenden a gestionarlo.

Finalmente, pero no menos importante, hay que trabajar desde muy pequeños la tolerancia en frustración. Tienen que aprender que no siempre pueden conseguir aquello que quieren y que por lo tanto, tendrán que desarrollar estrategias para tolerar este ‘disgusto’. Trabajar este aspecto se tan fácil como tener comunicación y empatía con nuestros hijos y explicarles el motivo por el cual no se puede hacer aquello que quieren, en este sentido si nuestro hijo quiere un helado a las ocho de la tarde, le podemos explicar que si se come ahora un helado puede ser que le saque la hambre para cenar o incluso que tenga dolor de estómago por la noche y que por lo tanto buscaréis otro momento para que se lo pueda comer. En este caso aquello más importante es procurar razonar con ellos los motivos y no dejarlo con una simple negativa autoritaria.

Para acabar me gustaría recordar aquello que ya he mencionado al inicio y en el que pone tanto de énfasis Goleman (1995) remarcando la gran importancia de llevar a cabo una educación emocional desde la infancia: La adecuada gestión de las emociones mejora la conducta de los niños e incide positivamente en su rendimiento académico.

Imma Martorell Vila

Nº col.19467

Psicología clínica infantil y juvenil

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