¿Nos preocupamos por el miedo?

20 abril, 2015
- in Blog

 

¿Por qué tiene miedo? ¿Es normal? ¿Debo preocuparme? Su hermano nunca ha sido tan miedoso. Los otros niños no parecen tener tantos miedos. ¿Qué debo hacer?

Estas y otras preocupaciones son muy normales en madres y padres de niños pequeños, a continuación intentaremos contestarlas lo mejor posible.

Miedo, fobia, temor o inseguridad.

Según la RAE, describe el miedo como:

  1.  m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
  2.  m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Mientras que la fobia hace referencia a:

  1.  f. Aversión obsesiva a alguien o a algo.

2. f. Temor irracional compulsivo.

 

Es decir, el miedo es una sensación de angustia frente a un estímulo que puede ser, o nosotros percibimos que puede ser, un riesgo para nosotros. La fobia, en cambio, sería un miedo irracional, aunque nosotros sepamos que no supone un riesgo para nosotros no podemos evitar sentir un miedo exagerado hacia el estímulo.

¿Y los temores o inseguridades?

Cuando hablamos de temores o inseguridades, nos referimos a aquel sentimiento que experimentamos cuando no estamos seguros de si existe un riesgo, por ejemplo, cuando no estamos seguros de si alguien nos está siguiendo, es normal que sintamos un pequeño sentimiento de angustia, pero una vez nos giramos y vemos que no existe ningún peligro, esa sensación desaparece.

Los temores o inseguridades son muy propensos en los niños, ya que ellos no entienden muchas cosas que nosotros damos por supuestas.

Es muy común escuchar en niños preguntas del tipo “¿puede alguien entrar en casa?“, el niño no experimenta el miedo, si no, la preocupación. En este caso deberíamos comprobar con él porque nosotros estamos seguros que no puede entrar nadie en casa (comprobar las puertas, ventanas, alarmas, etc.), y de esta forma darle seguridad y conseguir tranquilizarlo.

Calmar sus preocupaciones dando explicaciones racionales ayudará al niño a no desarrollar posibles miedos.

En algunos casos, es posible, que nos pregunte cosas para las cuales nosotros no estemos preparados o no tengamos una explicación lógica, en este caso, debemos pedirle tiempo para pensar la respuesta, es mejor dejarle un momento con la preocupación, mientras nosotros analizamos la situación y buscamos una buena argumentación, que contarle algo que no se sostenga y acabemos por preocuparle más.

 

Miedos evolutivos

Pero, ¿qué pasa cuando observamos que el niño no experimenta una preocupación, si no que existe el miedo?

En este caso lo primero que debemos preguntarnos es si es normal.

Existen los llamados “miedos evolutivos”, son unos miedo a cosas concretas que van en función de la edad, es decir, un listado de miedos que es normal que los niños experimenten a según qué edades

0-2 años de edad

En esta etapa los miedos son más básicos, no suelen estar muy elaborados.

Son miedos relacionados con ruidos fuertes, perdida del soporte al andar, caídas, objetos extraños, cambios en las rutinas, etc.

3-5 años de edad

En este caso los miedos suelen estar más relacionados con el miedo a lo desconocido. Es cuando los niños evitan ciertos estímulos y en algunos casos, pueden mantenerse hasta la edad adulta.

Suele ser miedo a la oscuridad, pérdida de los padres, lugares desconocidos, animales, etc.

6-8 años de edad

En este caso, los miedos suelen tener un componente más cognitivo, más imaginativo. Suelen estar relacionado con películas o cuentos típicos de esta edad.

Esta es la época del “miedo a los monstruos”, es cuando aparece el miedo a las brujas, monstruos debajo de la cama, en el armario, miedo a las catástrofes, a la escuela, etc.

9-12 años de edad

En esta edad, es cuando desaparece el miedo a los seres fantásticos y empiezan a desarrollar miedo a cosas más concretas.

Miedo a la muerte o al dolor, al fracaso escolar, o conflictos familiares son los más típicos de esta etapa.

13-18 años de edad

En esta etapa los niños empiezan a preocuparse más por su persona y los miedos se centran en el área social.

El miedo por problemas en las relaciones sociales o relacionadas con el físico y la autoestima con los más comunes en esta edad.

+18 años de edad

Finalmente, a partir de los 18 años de edad, los miedos suelen basarse en experiencias vividas.

Según cada persona, desarrollara un miedo u otro basado en aquellos acontecimientos que haya experimentado a lo largo de su vida.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta unas cuantas consideraciones respecto a los miedos evolutivos:

  • No todos los niños deben pasar por todos los miedos.
  • En muchos casos, sobre todo debido a acontecimientos vividos, los miedos pueden cambiar de franja de edad, por ejemplo, si un niño pierde a un familiar a los 5 años, es posible que empiece a tener miedo a la muerte, aunque aún no tenga la edad propia de estos miedos.
  • Pueden existir regresiones, es posible que el niño haya superado un miedo, pero al cabo de un tiempo vuelva a experimentarlo, en este caso probablemente haya alguna causa, que deberíamos investigar.

Entonces ¿el miedo es normal?

Que nuestro hijo este experimentando un miedo evolutivo, no quiere decir que no debamos preocuparnos, para saber cuánto debemos preocuparnos debemos tener en cuenta una serie de cosas.

Los llamados criterios FID (Frecuencia, intensidad y duración), nos darán una idea aproximada de cuanto debemos preocuparnos.

Frecuencia: ¿Cada cuanto experimenta el miedo?

Intensidad: ¿Cómo es su grado de preocupación?

Duración: ¿Cuánto dura su miedo?

Imaginemos el miedo a la oscuridad, muy común en niños. Tenemos dos niños Albert y Marta, ambos de la misma edad.

Albert, tiene miedo a la oscuridad, es incapaz de entrar en sitios oscuros, incluso estando en la calle de noche, se empieza a poner nervioso. No importa que este con algún familiar, si esta en un lugar oscuro empieza a experimentar síntomas de angustia, le sudan las manos, le aumenta el ritmo cardiaco y le cuesta respirar. Incluso una vez se ha encendido la luz, a sus padres les cuesta volver a calmarlo.

Frecuencia: Muy alta (siempre que está en lugares oscuros).

Intensidad: Muy alta (sudor, ritmo cardiaco elevado, hiperventilación).

Duración: Alta (Sigue después de eliminar el estímulo).

Marta, también tiene miedo a la oscuridad, no puede entrar en sitios oscuros, sin embargo, es capaz de hacerlo si va acompañada de sus padres, incluso es capaz de hacerlo sola en sitios conocidos como su casa o casa de sus abuelos. Cuando Marta esta en un lugar oscuro tiene la necesidad de salir corriendo y buscar a sus padres, normalmente le aumenta el ritmo cardiaco. Pero, una vez esta con sus padres, este miedo desaparece.

Frecuencia: Baja (lugares oscuros desconocidos).

Intensidad: Media (Ritmo cardiaco elevado).

Duración: Baja (solo delante del estímulo).

En estos casos, aunque es obvio que son muy dispares, se observa muy bien la diferencia de cada uno. Con Albert deberíamos preocuparnos por su miedo ya que observamos que los criterios son muy altos y el miedo le provoca una gran angustia, en cambio con Marta, no sería necesario preocuparnos en exceso, es posible que con algunas pautas el miedo desaparezca.

Al mismo tiempo, hay un criterio, quizá el más importante, que deberíamos tener en cuenta. Y es si afecta a nuestra vida diaria.

Si observamos que el miedo que experimenta nuestro hijo afecta a su vida, por ejemplo privándole de hacer alguna actividad, o afectando a su vida escolar, deberemos preocuparnos e intentar buscar una solución.

Sin embargo, si vemos que no interfiere en su vida, el nivel de preocupación no debería ser muy elevado.

Imaginemos por ejemplo, que tenemos un miedo exagerado a los leones, y que si analizamos los criterios FID observamos, que los tres tienen un nivel muy alto. Incluso podríamos estar hablando de una fobia. Sin embargo, las posibilidades de encontrarnos con un león, son más bien escasas, por la cual cosa, no interfiere en nuestra vida diaria, por lo que, seguramente no deberíamos preocuparnos mucho por ello.

¿Qué podemos hacer?

Si se trata de un miedo evolutivo o de baja preocupación:

  • Escuchar y respetar su miedo. Debemos escucharle y animarle a que nos cuente su miedo, si le quitamos importancia no le ayudaremos en nada.
  • No ridiculizarle. Aunque dicho así la mayoría de padres pensaría que jamás harían algo así, es muy común escuchar frases del tipo “tu ya no eres un bebe” o “compórtate como un niño grande”, estas frases no le ayudaran.
  • Acompañarle. Estar a su lado cuando nos enfrentemos al miedo, realizar pequeños acercamientos e ir paso a paso hasta que sea capaz de hacerlo solo.
  • Felicitarle. Reforzarle cada vez que haya hecho algún avance o incluso por el hecho de haberlo intentado le ayudara a sentirse mejor consigo mismo.
  • Haz de modelo. Enfrentarte al miedo y déjale ver que no te ocurre nada.

Si se trata de un miedo de alta preocupación o que no estemos seguros:

-Acudir a un psicólogo si no estamos seguros o creemos que algo no está bien, será la mejor forma de ayudar a nuestro hijo y quedarnos más tranquilos.

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