La tolerancia a la frustración

¿Qué es la frustración?

La frustración es el sentimiento que tiene el hecho de vernos privados de aquello que esperábamos, dependiendo de la persona se expresa en sentimientos de tristeza, enfado o angustia. Es decir, cuando no somos capaces de hacer o tener aquello que esperábamos es cuando nos sentimos frustrados.

Dependiendo de la personalidad o de las vivencias personales de cada persona, se reaccionará de forma diferente ante este sentimiento, y por ende es difícil poder cambiarlo. Sin embargo, lo que sí podemos trabajar es cómo enfrentamos este problema = la tolerancia a la frustración.

Importancia de la frustración en la vida adulta

Es necesario entender que en la vida no vamos a tener todo lo que queramos, pensar que la vida es fácil y todo aquello que comporte una dificultad o un fracaso no vale la pena es un pensamiento erróneo.

Si desde que somos pequeños nuestro padres nos dan todo lo que queremos pueden crearnos cierta infelicidad en un futuro , ya que una vez crezcamos y veamos que no podemos tener o hacer todo lo que queramos nos costará más de afrontar estos fracasos de la forma adecuada.

Si observamos a alguna persona adulta que delante del fracaso reacciona de forma desmedida, gritando, llorando o incluso abandonando cualquier proyecto debido al más mínimo fallo, probablemente sea porque cuando era pequeño no le ayudaron a poder gestionar estos sentimientos de forma exitosa.

Por eso, es muy importante trabajar la tolerancia a la frustración desde pequeños. Cuando un bebé nace lo normal es que todos los adultos nos desvivamos para cumplir las cosas que pide, lo cual es totalmente acertado, ya que cuando son pequeños sólo piden cosas de necesidad: comida, sueño, higiene. El problema viene cuando estas demandas pasan de ser necesidades a ser deseos y aún así nos desvivimos para cumplirlas. A continuación damos unos cuantos consejos para ayudar a desarrollar una buena tolerancia a la frustración en nuestros hijos o incluso en nosotros mismos. Pero antes es importante dejar unas cuantas cosas claras.

¿Qué provoca la frustración?

Los niños son egocéntricos por naturaleza, y no son capaces de entender que los demás también tienen cosas que hacer o que no todo puede girar alrededor suyo, por eso es nuestra tarea enseñarles que los demás también tienen deseos y necesidades.

También es importante tener en cuenta que los niños no tienen conciencia del tiempo y por tanto hay que explicarles bien aquello de “en 20 minutos voy a jugar contigo”, ellos no entienden lo que son 20 minutos o por qué no puedes hacerlo ahora si ellos lo quieren ahora.

Además también debemos tener en cuenta el cansancio del niño, ya que cada vez es más común llenar la agenda del niño de actividades y no nos damos cuenta de que no pueden descansar lo suficiente o que no tienen tiempo entre tarea y tarea, por lo que al final del día los niños acaban muy cansados y, por tanto, mucho más sensibles a la frustración.

Y finalmente, también hay que pensar en las capacidades del niño, si se han establecido unos objetivos realistas. Si el niño se ha establecido unos objetivos que es incapaz de cumplir o no alcanza a entender el nivel de sus capacidades, aparecerán un gran número de frustraciones y poco número de éxitos.

¿Cómo sabemos si nuestros hijos tienen poca tolerancia a la frustración?

Si vemos que nuestro hijo no es capaz de controlar sus emociones, tiene muchas pataletas, llora cada vez que le niegas algo, grita o siente mucha angustia ante las frustraciones, probablemente sea necesario trabajar con él la tolerancia a la frustración.

También podemos observar, que son más exigentes que los demás, no entienden los límites que les ponen o creen que no deberían ponérselos, les cuesta adaptarse a diferentes entornos, no tienen paciencia y quieren las cosas en el momento.

Estos niños, suelen pensar de forma radical, no entienden de puntos intermedios; o es blanco o negro. No pueden diferenciar aquello que necesitan de aquello que quieren y suelen tener mucho miedo a fracasar.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero y más importante, como siempre que estamos con niños, es dar ejemplo. Es fundamental pararnos a ver cómo nos comportamos y si es necesario trabajar la tolerancia a la frustración en nosotros primero.

Cuando estemos con el niño es importante tener las cosas claras: darle todo lo que quiere sólo le hace feliz a corto plazo, pasado un tiempo o cuando sea adulto no habremos conseguido nada.

Es importante que sepa que no puede tener todo inmediatamente y poco a poco intentar esperar cada vez más tiempo a darle algo que quiere. Hay que hacerle entender que las acciones que lleve a cabo tienen consecuencias tanto buenas como malas.

Por tanto, es importante saber decir “no”, en lugar de dárselo todo hecho, y de forma acorde a sus capacidades le daremos las tareas o aquello que pida de forma que él tenga que “trabajárselo”. Es importante educarlo en la importancia del esfuerzo; enseñarle que no todo viene hecho y que es uno mismo el que debe ganárselo y, sobretodo, no ceder ante sus rabietas.

Enseñarle que si es constante y se esfuerza puede conseguir muchas cosas, quizá no lo que quería, pero que eso no es un fracaso, sino que debemos ayudarle a convertir ese fracaso en algo positivo, algo que le ayude a crecer como persona.

Es importante que le dejemos experimentar pequeños fracasos, no estar todo el rato sobreprotegiéndole, poner unas buenas normas y límites y explicárselo bien le ayudará a tolerar mejor los fracasos.

¿Cómo podemos hacerlo?

Primero, delante de un fracaso, debemos enseñar a nuestros hijos a calmarse, intentar tranquilizarse y tomar distancia del fracaso, el famoso “contar hasta 10” o sacudir las manos “para echar el enfado” le ayudarán mucho más de lo que creemos.

Luego explicarle y hacerle ver los sentimientos que está experimentando y por qué. Ayudarles a ponerles nombres les hará a sentir mejor. “Pablo está enfadado porque hoy no vamos a ir al parque”, no es necesario que identifique todos los sentimientos. Cuando son pequeños es mejor recurrir a los sentimientos más primarios y fáciles de entender. Más adelante podemos explicarle que eso que siente se llama “frustración” y que aparece cuando no se consigue algo que se esperaba conseguir.

Una vez hecho esto, le ayudaremos a analizar el problema: por qué no se ha conseguido lo que se esperaba; qué hemos hecho bien y qué podemos mejorar (nunca en negativo); centrarnos en buscar una solución y no en el problema, buscar diferentes soluciones y encontrar la que más nos conviene.

Centrarnos en que el hecho de fracasar nos ha enseñado a cómo hacerlo mejor, que ahora ya sabremos cómo hacerlo y la importancia de fracasar para crecer como persona.

También, frente a tareas o proyectos, es importante establecerse objetivos más pequeños e ir uno a uno, y si se falla en alguno, no quiere decir que tengamos que abandonar el proyecto, sino que debemos buscar otra forma de hacerlo, o si es necesario cambiar los objetivos y adecuarlos a nuestras capacidades, pero nunca debemos abandonar. Si no se puede realizar buscaremos un proyecto que nos satisfaga igual.

Por último, no olvidemos, enseñar al niño a pedir ayuda cuando debe y a no pedirla cuando puede hacerlo solo, a reforzarle cuando lo hace bien y animarle siempre.

Si conseguimos que nuestros hijos sean capaces de tolerar la frustración de forma adecuada conseguiremos que se conviertan en adultos mucho más felices y preparados para afrontar los problemas de la vida.

Coral Camino

Psicóloga

Nº Col. 23.198

 

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